lunes, 7 de octubre de 2013

El árbol.

Buenas noches, buenos tardes, buenas días, buena vida.
Yo les contare un relato que se matiza con el sentir de una quimera, si una quimera ese ser mitológico que según se son tres animales en uno solo, la quimera de la que hablare se llama Kokoro: la mente, el espíritu, el sentir, todos ellos forman el Corazón o Kokoro. Esto Inicia:
Un árbol, muy grande, frondoso, de tallo ancho, ramas largas y verdes, vivía muy tranquilo en una montaña lejana, la cual era visitada por el sol el cual le regalaba mucha luz para que sus ramas y hojas se fortalecieran, a su vez el árbol danzaba para el sol cuando este se iba ocultando, danzaba con sus ramas y con la brisa, le decía gracias, gracias querido amigo sol por la energía que me das, entonces el sol cerraba sus parpados y dormía. Pero aquel árbol añoraba cada día la llegada de la noche, esa noche apacible, solitaria, deslumbrante, serena, melancólica; esperaba su llegada ya que estaba muy enamorado de una estrella, una dulce estrella que desde el infinito del espacio  lo saludaba y sonriera todas la noches, esa luz que emanaba lo dejaba seducido a delirar por aquella luz, deseaba poder abrazarla con sus frondosas ramas, imaginaba  que ella decencia del cielo y lo abrazaba donde cada uno contaba sus historias, divagando en un futuro cercano, donde ambos Vivian en armonía, esa armonía que el árbol sentía cada vez que la vía, el Kokoro del árbol se fortalecía cada noche, tan solo con verla, tan solo con contemplarla, la luz que ella ofrecía era más que suficiente para fortalecer el amor de ambos.
Un día el árbol le conto al sol sobre el amor que profesaba por aquella dulce estrella, el sol le propuso que en su gran torso tallara la forma de la estrella con el nombre de esta en el medio, esto podría permitir que la estrella bajase una vez cada año y estuviesen juntos toda una noche; el árbol se emocionó por aquella noticia y accedió a tallar la forma de la estrella, llamo a las aves que rondaban por la montaña, a los azulejos, los ruiseñor, y  los toches, para que le ayudasen en la misión, día tras día las aves se quedaban en la copa del árbol esperando la salida de la luna y cuando veían la estrella empezaban a tallar con sus picos la forma de aquel astro, la labor tardo varios días, hasta que una madrugada donde el so empezaba a salir, las aves cantaron
Hemos terminado, el dibujo de tu amada, que ahora vive en tu corazón.
El árbol les agradeció profundamente por aquella obra de arte que vivía en su torso. Muy feliz saludo al sol haciéndole una venia y manifestándole, ¡mira, mira, amigo sol, ya tengo la figura de mi amada en el torso, en verdad es muy bella! El sol afirmo que esa era el vivo retrato de la estrella, pero se cuestionó una duda:
Amigo árbol, veo que aun te falta un detalle muy importante,-un detalle cual sería gran sol-falta el nombre de la estrella en el medio del dibujo, acaso no sabes aun el nombre de ella? El árbol quedo consternado al oír aquella duda, pues en realidad nunca le había preguntado el nombre a la estrella. El sol le dijo debes apresurarte a indagar el nombre de ella ya que se aproxima una lluvia estelar que durara 3 años, y tal vez no la vuelvas a ver, o la confundas con la infinitud de tanta luz que vivirá en el espacio.
El árbol sintió que ese día fue eterno, contaba las horas, minutos, segundos, deseando que ya fuese de noche y así poder ver la noche y por supuesto verla a ella.
El sol se despidió del árbol como habitualmente lo hacía, la noche, por fin llego exclamo el árbol y allí estaba ella tan dulce, serena y brillante como siempre, el árbol le pregunto:
Amada mía dime tu nombre, oh amada mía…
Pero la estrella no escuchaba sus palabras, la lejanía entre ambos era muy grande; entonces el árbol grito y grito
Amada mía dime tu nombre, oh amada mía, pero fue en vano aún no se alcanzaba a oír sus palabras.
El árbol se sentía muy consternado y triste, la estrella desde su espacio también manifestó tristeza, tal vez deseaba oír las palabras del árbol. Los días pasaron, los meses se acumularon y cada noche aquel árbol gritaba dulcemente  al espacio por el nombre de su amada, pero solo escuchaba el silencio absoluto del infinito. El árbol empezó a perder color, a perder su frondosidad, a debilitarse a causa de ese amor imposible, pero él no se rendía y cada noche susurraba al cielo por el nombre de su amada, susurraba ya que su voz se estaba apagando.
Entonces llego la lluvia estelar y vio millones de estrellas danzar, la luz de ellas era muy cálida y en ocasiones el sentía que su amada estrella lo abrazaba con aquella luz.
El sol muy preocupado por la vida del árbol, hablo con la luna y elaboro un plan para poder comunicarse con ella, le dijo amiga luna necesitamos hablar, requiero que por favor indaga el nombre de una estrella en especial, una estrella que vive en tu infinito espacio, está muy cerca de ti, la luna pregunto es la estrella que nuestro amigo árbol tiene tallada en su tallo, ¡si es esa misma! Pero debemos apurarnos, la vida de nuestro amigo árbol se extingue por la pena de no saber el nombre de su amada, pero la luna agrego, amigo sol, yo puedo averiguar el nombre de la estrella pero debo susurrarte el nombre a tu oído, pues si lo grito todo el espacio quedaría  enamorado al oír el nombre de ella, el problema es que para volver a estar cerca de ti debemos esperar el próximo eclipse solar que será dentro de 4 años,  la luna le pregunta al sol, ¿nuestro amigo árbol podrá esperar ese tiempo para conocer el nombre de su amada? El sol afirmo que sí.
Cuando la luna empezaba a salir, el sol le comento al árbol la travesía que debía  esperar, el árbol con sus pocas fuerzas agradeció el favor e intención de su amigo sol y manifestó que esperaría 4 años más por conocer el nombre de su dulce amada.
Los años pasaron, donde al árbol le contaban cosas tristes de su estrella, fueron días de pena, meses de dificultad, pero siempre vivía el deseo por amarla, eso lo fortalecía, los cometas que rara vez pasaban por el cielo le decían tu amada estrella aguarda pacientemente por ti, no desfallezca, ella también te ama. Aquellos mensaje fortalecían las raíces del árbol generando que este volviese a ser grande, fuerte y frondoso, y sin darse cuenta los 4 años había pasado, y el eclipse solar se dio, la luna poco a poco se fue acercando al sol, el árbol miraba muy atento cada movimiento de ella, el sol esperaba paciente poder estar frente a la luna y oír el susurro del nombre de ella, y así fue la luna estaba frente al sol y en cuestión de segundos le susurro y en otro segundo empezó a marcharse lentamente como llego.
El árbol estaba muy emocionado, esperaba con ansias escuchar el nombre de su amada, entonces el sol le dijo, no diré el nombre de la estrella, lo escribiré en tu regazo, así más nadie sabrá como se llama y por fin ustedes podrán estar juntos. El sol empezó con su luz a escribir el nombre de su amada en medio del dibujo de ella, desde la distancia y con sus rayos tenues, escribió letra por letra, cuando acabo le dijo espera un poco más hasta que la luna pueda alumbrar en tu torso y leas el nombre de ella, y así al pronunciarlo ella bajara por ti.
El sol espero unas horas más y cuando la luna alumbro el firmamento el nombre de su amada se revelo ¡MAPU! Oh amada mía, ven por mí, estoy esperando tu llegada, desde hace tanto tiempo, ¡MAPU! Te amo. Y la estrella al oír esos verso bajo de su cielo y abrazo al árbol, lloraron juntos, rieron, se contemplaron, pero sobre todo se amaron por siempre.
Se dice que desde esa noche la estrella no retorno al cielo, que vive impregnada en el torso del árbol, que muy pocos han visto ese amor, que muy pocos saben lo que  esperar por el ser amado, muy pocos han vivido una espera y esos pocos son lo que pueden contemplar el árbol que con sus ramas abraza a la estrella que habitad y vive dentro de él.
Por eso yo les pido que no desfallezcan, cuando se trata de luchar por ese ser querido, así pase el tiempo el sentir si es verdadero no morirá, renacerá, y será un solo sentir, mente, alma, amor, Kokoro. Además  los amantes podrán  reunirse y ser felices para siempre o en la brevedad de un cálido y afectuoso cuento.

FIN.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Dragón de Rió

La madrugada llamo a mi ausente alma, solo me susurro deleita el sonido del piano y visualiza un gran dragón blanco, el rey del rió, y así sin mas la necesidad de plasmar los delirios de mis dedos en ser transformados en sonetos ausente de letras la cuales carecen de motivación; tan solo son susurros de la efímera existencia que desean pasar a la brevedad de la historia en una hoja blanca de una pantalla de escritorio, ¿ a qué nos reducimos nosotros?, tal vez a oír el susurro de un soneto.



sábado, 3 de agosto de 2013

Puntos suspensivos, ¿por qué siempre son tres?

Y limitarse a beber un vaso con agua, esperando surtir efecto refrescante, esto me evoca un haiku:  
Los días lentos 
se apilan, evocando
 un viejo antaño



Matsuo Basho

miércoles, 31 de julio de 2013

El Árbol y el Oni

Me falta valor, mencionaba un árbol, me falta valor, se entristecía día a día por no poder decirle a un Oni que le amaba, estaba muy lejos de este y en ocasiones sus largas ramas lastimaron aquel demonio, por ello constantemente el árbol llama a la brisa para que le susurrara en los oídos que le amaba, que por favor le perdonara, pero la brisa nunca le contaba al árbol lo que aquel Oni le respondía. El árbol se sentía cada vez mas solitario y desolado, solo deseaba verle y hablar con él, pero le faltaba constantemente valor para llamarle personalmente, para decirle Oye Oni nos vemos esta tarde cuando el sol empiece a caer, deseo conversar contigo, pero solo se quedaba en la imaginación de este árbol y continuamente mencionaba ¡Me falta valor!, me da temor ser un árbol burlado, temo que mis sentimientos sean un chiste para aquel Oni, solo deseo desde lo mas profundo de mis raíces que ese Oni me llame y podamos hablar, así mis ramas volverán a ser frondosas y no seré un árbol temeroso.

domingo, 28 de julio de 2013

Azul rojito.

Enternecernos con un caminar juntos, donde la brisa sea la que nos bese los labios, donde ella sea la que acaricie nuestros cuerpos, donde los poros se saluden entre si a la distancia, permitir caminar y solo ver vuestros rostros.
Andar por parajes donde el camino suministre moras silvestres, donde las vacas en sus rebaños nos observen con su miradas habituales, donde la temperatura del ambiente sea tan frió, que se permita ver la niebla.

Vamos, ¡te animas a caminar conmigo!.

sábado, 27 de julio de 2013

Arrecife ajeno.

A menudo el cerebro se encarga de revivir una y otra vez los momentos de felicidad, pero en ocasiones suele ser tan perjudicial para el cuerpo como beber mucho alcohol; las memorias internas juegan ese papel primordial de permitirnos avanzar en el camino o quedarnos estancando en un limbo intermitente de melancolía inadmisible, esa que se transforma en una dopaje agrio y cómodo para la mente misma, estar estancados en los sentimientos de antaño genera que seamos seres sin fuerza, hoy viví un paso adelante con esos recuerdos y los plasmare en un relato: 
El clima amaneció tan sofocante como siempre, pero fue extraño llegar las 10 de la mañana y notar una extraña y bella brisa que danzaba con la falda de una mujer ausente; toco el timbre dos veces y nadie respondió el llamado así que detallo el cielo y tomo asiento en un pequeño muro que estaba al frente de la casa, mientras pasaban los minutos se divertía cantando melodías en coreano y japonés, claramente no poseía el llamado oído musical, pero era divertido oírse cantar de tan peculiar forma, ella tenía conocimiento que el hombre de sus desvelos sentimentales  y un tanto cursis vendría a esa misma casa, observando a casi todas las personas que caminaban por aquella calle pasaba sus angustiosos minutos y al fin ve la figura de ese hombre acercándose a ella, su mirada se tornó en ojos saltones de temor, pero para beneficio de ella tenía puestas unas gafas de sol así que esa mirada no sería detallada, el extendió su mano y se apretaron muy suave, claramente ella estaba halada de la impresión y un tanto emoción, para variar llevaba una cerveza en su bolso y el muy amablemente la destapo, con la intención de beberla también, y eso fue bonito, compartir una cerveza juntos, hablar de temas apasionantes para él y de temas suaves para ella, pasarse la cerveza y degustar ese sabor a miel que tenía, no se sabe si ese hombre entiendo lo que significaba compartir esa bebida, pero se convirtieron en Nakamas, el año que estuvieron distantes se resumió en risas y sonrisas, la joven le pregunta:
¿Su merced porque cada vez que me veía agachabas la mirada?
A lo que él responde:
Por la misma razón que usted…
Para ella la razón era que lo ama y le dolía verle distante a ella, se pregunta mentalmente será que también me ama, pero solo se limita a sonreírle y decirle no creo que sea la misma razón.
De repente llega una amiga en común y muy apreciada para la joven, entran la casa y él se dispone hacer un dibujo el cual es sumamente bello, es la diosa de la luna japonesa  Tsukuyomi;  él es aplicado con el lápiz y el papel, pero para hacer flores no tiene ese mismo don, ya que dibujando un pétalo de sakura lo transformo en un frijol lo cual fue muy divertido en su momento. Los minutos pasaban mientas ella estaba sentada en una banca viéndole dibujar, observando su ancha espalda, sus brazos musculosos y su trasero pequeño, ella era feliz, la amiga de ambos realizo el almuerzo y muy estratégicamente los acomodo juntos, la chica de falda larga creía que se intimidaría por ello, pero no fue así disfruto estar al lado de él, charlaron y rieron por pendejadas de color rosa; la tarde seguía andando y el miraba ahora como ella dibujaba las flores, pero obviamente solo miraba el trasero de ella que estaba muy grande y bonito, fue muy intimidante, yo creo que para ellos dos tornaba el temor por hablar de las remembranzas del pasado, ella deseaba abrazarlo y besarle, pero era consiente que eso podría enfadar o confundirlo.
Al despedirse de la amiga hermosa de ambos, caminaron a tomar el transporte y fue muy mágico la brisa no dejaba de saludarlos y acariciarlos, sus pasos eran lentos y ella sonreía mucho, el miraba el cielo manifestando que la brisa estaba sabrosa, para ella caminar al lado de él fue reconfortante, los temas hablados en ese momento se transformaron en preguntas, él cuestiona:
¿Y que vas hacer ahora que se graduó?
Ella le mira y sonriendo le contesta, intento aprender coreano para postularme a una beca internacional, realizar una maestría en el país vecino e irme de mochilera por el país, a lo que el le interrumpe mencionando, ¡Yo también tengo ese deseo!, ella por dentro de sí deseaba decirle, ¡Vámonos juntos y cumplamos ese sueño que una tarde de brisa de palmas y nubes grises acordamos, de conocer pueblos y lugares bonitos juntos!, pero como es habitual en esos momentos calla y cambia el tema. Llegan al lugar donde deben tomar el transporte y él extiende la mano y se dan un leve apretón, se desean ánimos y suerte y él toma primero la buseta, ella sonríe y le ve partir, le hubiese gustado regalarle un caluroso abrazo, pero fue así.

El relato termina con un toque de sueños y efecto placebo para ella, ahora el cerebro se juega una encrucijada en no almacenar los recuerdos de aquella tarde,  o tal vez si pero con la condición de que solo sean apreciados como los recuerdos de una tarde entre nakamas. 

lunes, 10 de junio de 2013

No tengo padre.

Sientes que el pecho choca con la paredes del trato pulmonar, ese dolor es persistente y no se va, el respirar se transforma en una densidad tan áspera que prefieres dejar de hacerlo, luego tus labios se sellan y empiezan a moverse con forma de puchero, vuelves y los aprietas pero es tarde. se produce el sollozo y vienen las lagrimas, eso es dolor.