Yo creo que no hay mas dolor que la misma ausencia, cuando duermes y tu mente vieja y viaja de manera absurda, es cuando llegas a sentir que vives una realidad en ese sueño, y resulta ser tan encantador ello, tan gratificante y suave, tan armonioso, tan dulce como un beso de maracuya, te aferras en el mundo real a seguir dormido y no salir de ese abrigo tan sereno que tienes en el sueño. Pero en cierto momento tu recapacitas por una brevedad efímera y caes en la absurda realidad que es un sueño, una milesisma de sueño ya que cuando se sueña mientras se duerme son segundos nada mas, pero cosa de locos que sentimos que son horas, días, milenios.
Abrigar el amor o ese cariño en los sueños genera la melancolía una bella palabra que me recauda el alcohol, es una palabra derivada del humo del cigarro y la tenacidad de una noche helada, o en otros caso la nieve, cae tan majestuosa pero al acumularse entra en los poros causando dolor y el terrible frió.
Realmente detesto los sueños de esa confortación, donde soy feliz y serena; ya que al despertar se que son eso malditos micro segundos de ilusiones vagas y pasajeras.
La perturbación es enorme, pues deseas seguir en esa irrealidad de la mente, pro no vuelves a ella.
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