A ver si recuerdo como empezaba.
Era una casa muy grande, que abarcaba toda una calle y
esquina, de aspecto alegre pero de interior sombrío. Vivían muchas personas un
tanto raras y un tanto ajenas a mi vivir, solo veía de ella un entrada a mi rutinario existir. Para entrar debía pasar
por una serie de obstáculos, como cuevas, ríos y una extraña pero fascinante cascada,
seguido de ello estaba la entrada, y cuando ponía mi mano en la rejilla de la
puerta, un gran peso salía de mi, como si llevase colgado mil demonios en mi interior.
Sus adentros eran muy conocidos en ocasiones, palpaba sus
paredes y remembraba sucesos, lo curioso fue verte llegar a esa casa, huías de algo o alguien, pero eran
muchas más personas con vos, llevabas una camisa blanca y jeans, me miras con
cara de espanto y yo con cara de atolondrada, mi ser llameaba desacierto y
sorpresa, una señora que al parecer era la dueña de la enorme casa, me susurra:
-Muchos morirán, esta casa es la única salida de ellos.
Seguía sin comprender nada, era poco visible el ambiente,
tal vez por la bruma que siempre aparecía cuando deseaba, los momentos pasaron,
y tú me observabas en cada paso que daba, en un momento me sonreíste y te sonreí.
Las miradas cuando se cruzaba generaban serenidad dentro del cuerpo, nada mas
era visto, estábamos los dos solos, pero las dificultades de avecinaban. Te fuiste
de la nada y salí en su búsqueda por
temor de ver su existencia reducida a muerte.
Espero volver a conciliar este sueño.
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