Llovía a cantaros, el helaje de la noche era intenso, todo se tornaba un gris opaco lo que dificultaba la visibilidad de vuestros rostros; la convivencia entre tu y yo se limitaba a efímeros segundos donde escasamente nos mirábamos o dirigíamos la palabra, pero no era por que no quisiéramos; mas bien un factor extraño impedía que estuviésemos juntos. La lluvia continuaba y dijiste: ¡saldré a bañarme con la lluvia!, te sonreí empezaste a quitarte poco a poco la ropa, dejando al descubierto tu virilidad y cuerpo, un segundo de excitación ya que al siguiente no estabas.
Los gritos de desesperación matizados con alegría se escuchaban con los truenos de la noche, eras tu danzando con euforia en la lluvia, deseando ser alcanzado por un rayo, tu desnudez era apocada con la lluvia, parecía una capa protectora. Tan aislante del refugio de un techo, al borde de un balcón estaba como gárgola inmuta esperando por ti, deseando que te resguardases de la lluvia, pero tu mirada decía todo, eras feliz allí; así que me adentre a los oscuros sentimientos que una pared gris puede ofrecer, a sentir en mis mejillas el frió de esta. La noche andaba lentamente, la lluvia se había ido del todo, y nuevamente estaba ausente la misma alma mía y toc toc la puerta resuena, se abre con dificultad tirándola contra la pared, un fuerte sonar, mi pecho se sobresalta y eres tu otro desconocido al cual de solo verle nauseas generas; la cordialidad se presume como mujer con alma de puta; te pregunto
- Que hacéis aquí?
- Estoy buscando la desnudez de un hombre que danza con la lluvia.
Respondo, como si no supiese mentir, estas equivocado ese hombre no existe más, el hombre inquisidor sonríe y dice acaba de dejarte un mensaje de afecto, lo que pasa es que no te lo dejare oír, sos una mujer frívola en los pensamientos, ausente de alma, será un desperdicio ello.
La oscuridad que es mi amante se torna perpleja y crece un odio por aquel hombre; pero como es costumbren los sueños se alejan de la mente y despiertas.
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